Un dia en Lan

Cumplieron su sueño de cruzar las nubes arriba de un avión

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Escolares de tres colegios de Mejillones se subieron por primera vez a una aeronave de Latam para conocer la Base de Mantenimiento en Santiago, en donde aprendieron todo lo relacionado sobre los vuelos.

Ricardo Muñoz E.

Son las 7:30 de la mañana y como es común el Aeropuerto Andrés Sabella Gálvez está como siempre: lleno, pasajeros de allá para acá, otros preguntando por su vuelo, los que se mezclan con los que beben café y también con aquellos que están sumergidos en la pantalla del celular para hacer la hora en las puertas de embarque.

Y entre medio de toda esta rutina, aparecen ellos a romper la monotonía del terminal aéreo con sus gritos y desorden propios de su edad. Son 18 escolares seleccionados de quinto a séptimo básico pertenecientes a la Escuela Básica Julia Herrera Varas, Complejo Educacional Juan José Latorre y Escuela María Angélica Elizondo, todos de Mejillones y la mayoría está a punto de subirse a un avión y volar por primera vez.

La emoción salta a la vista, no por nada varios estaban tomando desayuno a las 6:30 de la mañana para luego subirse a un bus municipal y viajar cerca de 40 kilómetros desde la comuna hasta el aeropuerto.

Ellos fueron los escogidos esta vez para ser parte del programa Un Día con Latam (nuevo nombre tras fusión de las aerolíneas LAN y TAM), una iniciativa que nació hace 18 años y cuya idea es que escolares tanto de la Región Metropolitana como de regiones, puedan conocer la Base de Mantenimiento de esta empresa, en donde trabajan cerca de dos mil 500 personas.

La idea es que los niños que no tienen la oportunidad de viajar por aire puedan hacerlo y no sólo eso, puedan conocer cómo funcionan todas las medidas de seguridad de un avión. Y así fue.

Viaje

Hay nerviosismo, pero al mismo tiempo entusiasmo. Al llegar al abordaje, se dan hasta el lujo de sacar el celular y tomarse fotos en la cabina, incluso con la clásica gorra del capitán. Estaba todo listo para que a las 8:30 el vuelo LA121 despegara desde la pista con rumbo a Santiago.

“Tripulación estamos pronto al despegue”, dice la voz del capitán por altoparlante. Fue entonces cuando comienzan los “¡Ooohh!” y “¡Ahhh!”, una mezcla de emoción y miedo cuando en la máquina se nota la sensación momentánea de ingravidez propia del despegue.

Entre medio de dulces, desayuno, libros para pintar, fotos con la tripulación, los muchachos ya viven el viaje hasta la capital del país.

“Me sentí un poco extraña, con mucho miedo, pero emocionada”, comenta Sara Nadal del Complejo Juan José Latorre, luego del despegue y mientras nota por la ventanilla que abajo han quedado las nubes para así dejar espacio a los rayos del sol que se asomaban.

En la base

A su lado, igual de sorprendido, viaja su compañero Jerson Mariaca quien fascinado sólo puede decir: “¿Ya estamos volando? (Esto) es genial, nunca había volado. Tenía un poco de miedo, pero ya me siento bien porque es muy divertido”.

En un abrir y cerrar de ojos el avión arriba en Santiago en donde acostumbrados al sol del norte, el frío no perdona. La temperatura es tal vez de 7 u 8 grados, pero la sensación casi polar. “Cuando hablamos sale como humito”, dicen los niños por teléfono a sus padres al llegar, refiriéndose al vapor de agua que genera el cuerpo cuando se encuentra en ambientes muy fríos.

Un bus llega para recoger a la delegación y aparecen las monitoras. Tras unos cuantos minutos, finalmente todos ya están en el destino, la Base de Mantenimiento.

El lugar es gigantesco y es aquí donde se realiza la mantención a los 42 aviones de la firma que vuelan dentro y fuera del país.

Entonces aparece la primera estrella del viaje y una que más asombro provoca. Si ya antes la mayoría se subió a un vuelo de clase económica por primera vez, es ahora el turno del Boing 787, el más moderno que tiene Latam.

De la nariz a la cola son 47 metros, donde destaca la zona ejecutiva. Como si fuera un living de la casa es ahí donde llama la atención las pantallas en cada asiento, al lado un control remoto para elegir películas y un joystick si el pasajero quiere jugar videojuegos. Claro, en viajes que suelen ser de hasta 16 horas. Como se trata de destinos internacionales extensos en travesía, prácticamente los usuarios están volando en una habitación. Hasta una cuna viene integrada.

Las pregunta suena varias veces en toda la máquina aérea: “¿Para qué sirve esto?”, decían los escolares entre cada sección y frente a cada uno de los dispositivos de emergencia (bastantes) que tiene un avión: toboganes, balsas, kit de supervivencia, tubos de oxígeno, salvavidas, o una silla de ruedas que se encuentra en uno de los compartimientos.

Es hora de bajar hacia otra área. En el camino hacia el hangar y en medio de la neblina, una de las encargadas dice que hay que poner atención en la máquina que está siendo revisada hacia el sector de la izquierda y que tiene la inscripción de la FACH: “ese es el avión presidencial”, dice.

Tras conocer todas las partes del avión en el hangar, es hora de almuerzo. Unos cuantos pasillos y los niños llegan al casino, donde los esperan sus platos de papas fritas, bebidas, vienesas y otras cosas ricas. Hay que recobrar fuerzas, aún queda recorrido.

Luego son llevados a la zona donde se muestra en detalle los toboganes y balsas, en caso que el avión caiga en el mar. El sonido del aire que entra en los ductos para inflar los dispositivos es ensordecedor, pero tras destaparse los oídos los muchachos ya pueden acercarse e inspeccionar por sí mismos estos elementos.

Quedan las últimas paradas: el detalle completo del kit de supervivencia en la jungla. Un hacha, brújula, comida para algunos días, agua, salvavidas, linterna, bengala, y otras cosas asombran a los estudiantes. Ya es hora de volver al aeropuerto para regresar a Antofagasta.

Experiencia

La asistente social Cosset Hidalgo y la profesora Indrid Funes, fueron las encargadas de los muchachos en esta aventura de altura.

Funes resume así la experiencia: “fue muy bonita porque aprendieron muchas cosas que no tenían idea y el entusiasmo de que ellos viajen en avión, que fue la primera vez para ellos, se sintieron muy bien”.

Antonia Núñez, alumna de la Escuela María Angélica Elizondo también tiene palabras sobre su primer vuelto.

“Fue una experiencia emocionante, porque nunca había volado antes. Estuvo muy bakán, aunque me dio un poco de miedo”, comenta.

“Muy divertido, pese a que había volado antes igual me gustó y aprendí harto sobre los aviones”, agrega Francisco Medero de la Escuela Julia Herrera Varas.

“Un viaje muy bakán porque aprendimos muchas cosas sobre cómo funciona el avión, aparte que nos dieron muchos regalos”, comparte también Renata Araos de la escuela María Angélica Elizondo.

Es ya momento de abordar para el regreso a Antofagasta, programado a las 19:20. Menos nerviosismo, algo de cansancio pero sigue la emoción.

Así despiden este día. Ahora son parte de los más de tres mil niños de regiones que el programa ha trasladado hasta la base en los últimos 6 años.

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